Me encanta hablar sola, lo reconozco. Eso
de ir por la calle hablando sola es lo mío, se me da de vicio. Soy una experta,
por eso llamar a una oficina pública y hablar sola me alegra el día. Hoy sin ir
más lejos he tenido que llamar a la oficina de tráfico de mi ciudad. He estado
algo más de dos minutos escuchando a una mujer hablar sobre cosas muy
interesantes, pero que a mí no me interesaban ni lo más mínimo (era un mensaje
grabado, muy claro, eso sí, y larguísimo; y muy bueno para la compañía
telefónica, si no tienes tarifa plana). Le he dado los buenos días, pero no me
ha devuelto el saludo. Se ha puesto a decirme a donde estaba llamando, cosa que
yo ya sabía, pero le di las gracias por la confirmación porque así me aseguraba
de no estar llamando por error a… vete tú a saber,… la Moncloa , por ejemplo. Sin
embargo, ella tampoco me dijo “de nada”, (es un poco mal educada esta mujer,
pensé). Siguió hablando de sus cosas, y yo le conté lo que pensaba hacer hoy
para comer, unos chipirones rellenos con la receta de mi madre, pero no deben
gustarle porque no tuve mucho éxito; ella seguía a lo suyo, muy centrada en lo
que me decía.
Es muy útil saber el horario de
las oficinas, y dónde se encuentran, también cómo debo pagar las multas o las
tasas, con qué tarjeta sí y con cuales no, (las Mas… no sé qué, no les gustan) o que desde octubre o tienes cita
previa o (si osas presentarte en sus oficinas) te saca de allí el de seguridad
como el fallecido tío Phil sacaba de su casa al amigo de su sobrino Will Smith.
Sin cita previa no tendrán nada que hacer aquí, viene a decir la mujer que
habla al otro lado, en un tono de pocos amigos, (casi eché de menos a mi muñeco
de la infancia que me protegía de la oscuridad por las noches, Yoyó, para que
me abrazase).
Pues
nada, al final he perdido parte de mi valioso tiempo porque no podía hacer otra
cosa, salvo esperar a que se callase y alguien de carne y hueso se pusiese al teléfono y que además supiese
resolver mi duda, sin pasarme de compañero a compañero y tiro porque me toca. Total,
¿tengo algo mejor que hacer? Divina paciencia.
Sonríe, que sonreír es gratis y
muy sano. Disfruta de la vida.
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