jueves, 16 de enero de 2014

Yo no sé nada


Yo no sé nada, no sé cuánto pago de luz, de agua, de teléfono, desconozco con qué compañías tengo contratados esos servicios. No sé con qué cuenta los pago, ni si uso cheques, tarjetas o efectivo. Yo no sé nada, señor juez. Yo no sé lo que firmaba, ni lo que se hablaba en las reuniones en las que he estado, ni lo que escribía en los mails que he escrito, lo siento señoría. Yo no sé nada. De hecho no sé nada de nada. Es más, yo no sé, ni sabía, que robar y estafar está mal. Qué culpa tengo yo si no lo sé. Si es cierto que he vivido por encima de mis posibilidades, yo no lo sabía. Si es cierto que poseo cuentas en Suiza y en otros paraísos fiscales, si es cierto que he estafado a la Seguridad Social, a Hacienda y a todos los ciudadanos de mi país, yo no lo sabía. Si todo eso es cierto, yo no lo sabía, señoría. Tengo una carrera, soy una mujer de hoy en día, trabajadora e independiente, pero yo de todo eso no sé nada. Señor juez, tengo que hacerle una confesión, …mmm…mmm… debo confesarle… ¡que tengo doble personalidad!, todo eso lo hacía mi otra yo. Esa es la verdadera razón.
A lo mejor usted pensaba que la explicación podía estar en que quiero mucho a mi marido, incluso aunque él no me quisiera tanto a mí y me fuera infiel; y que en el fondo, pensaba que esto nunca se descubriría y si se descubría, ¿para que está mi papi y sus amigos? Y que yo le diría que hablase usted con mi papá y sus amigos, señor juez. Si fuese así, que no lo es, ellos le dirían que usted se está equivocando al investigar este caso, que pierde el tiempo, porque antes o después mi marido y yo, saldremos impunes, y usted saldrá quemado, tocado y hundido. El fiscal dirá que no hay caso, que yo no debo ser ni nombrada, que usted está conspirando contra mí, y encima está perjudicando la imagen de nuestro país. Sí, usted perjudicaría la imagen de nuestro país al querer esclarecer este caso y demostrar que hemos delinquido, pero sabe, no podrá. Todo lo que está haciendo no servirá para nada, por varias razones, la primera, que soy hija de papá, y la otra, que en este país, robar y estafar es normal. Los raros son los honrados, y sabe, señor juez, es usted bastante raro. Pero no busque más explicaciones, señoría, ya se lo he dicho, tengo doble personalidad, todo lo demás es fruto de su imaginación.
Justo en ese momento cuando le explicaba a su señoría lo de la doble personalidad, susurrándoselo al oído, con total secretismo, me desperté en mitad de la noche, sobresaltada. Menudo susto me he llevado cuando me he visto frente a un juez declarando por unos cuantos delitos. Estaba a punto de gritar: Papa, llama cuando me desperté. Menos mal que era solo un sueño, como en los Serrano.
Después de unos minutos y ya calmada me di cuenta de que esa no sería mi declaración si algún día un juez honesto y cabezota se empeñase en decir que yo puedo tener algo que ver con fraudes y malversación. Pero claro, esto es hipotético porque entre otras cosas, no tengo un marido megaambicioso e inconformista, ni tengo un papi con amigos importantes, ni me veo haciendo esas cosas y porque además me quiero a mí misma bastante más que eso. Sé lo que hago, procuro leer los papeles que firmo, sé en qué cuenta cargo los gastos y cuantas cuentas tengo y el dinero que hay en ellas. Procuro comprar aquello que puedo pagar y vivo conforme a lo que tengo.
Incluso, aunque me cuesta, puedo entender que una mujer enamorada haga cosas, y permita otras, pero lo que no creo y no puedo comprender es que diga que no sabe nada, y que no se entera de nada. Una mujer, por encima de querer a su marido, debe quererse a sí misma y a sus hijos si los tiene, y saber donde está el límite. Si lo cruza es tan culpable y responsable como su marido y debería asumir su culpa. Todos deberían hacerlo. 
Dejemos de echar la culpa a quienes se limitan a hacer su trabajo, y encima a hacerlo bien, démosles las gracias, un gran aplauso y facilitémosles las cosas, ¡que ya está bien!

Y aunque a veces cueste, ¡Sonríe!, que sonreír es muy sano y no cuesta dinero.    

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