Yo no sé nada, no sé cuánto
pago de luz, de agua, de teléfono, desconozco con qué compañías tengo
contratados esos servicios. No sé con qué cuenta los pago, ni si uso cheques,
tarjetas o efectivo. Yo no sé nada, señor juez. Yo no sé lo que firmaba, ni lo
que se hablaba en las reuniones en las que he estado, ni lo que escribía en los
mails que he escrito, lo siento señoría. Yo no sé nada. De hecho no sé nada de
nada. Es más, yo no sé, ni sabía, que robar y estafar está mal. Qué culpa tengo
yo si no lo sé. Si es cierto que he vivido por encima de mis posibilidades, yo
no lo sabía. Si es cierto que poseo cuentas en Suiza y en otros paraísos
fiscales, si es cierto que he estafado a la Seguridad Social ,
a Hacienda y a todos los ciudadanos de mi país, yo no lo sabía. Si todo eso es
cierto, yo no lo sabía, señoría. Tengo una carrera, soy una mujer de hoy en
día, trabajadora e independiente, pero yo de todo eso no sé nada. Señor juez, tengo
que hacerle una confesión, …mmm…mmm… debo confesarle… ¡que tengo doble
personalidad!, todo eso lo hacía mi otra yo. Esa es la verdadera razón.
A lo mejor usted pensaba que la
explicación podía estar en que quiero mucho a mi marido, incluso aunque él no
me quisiera tanto a mí y me fuera infiel; y que en el fondo, pensaba que esto
nunca se descubriría y si se descubría, ¿para que está mi papi y sus amigos? Y
que yo le diría que hablase usted con mi papá y sus amigos, señor juez. Si
fuese así, que no lo es, ellos le dirían que usted se está equivocando al
investigar este caso, que pierde el tiempo, porque antes o después mi marido y
yo, saldremos impunes, y usted saldrá quemado, tocado y hundido. El fiscal dirá
que no hay caso, que yo no debo ser ni nombrada, que usted está conspirando
contra mí, y encima está perjudicando la imagen de nuestro país. Sí, usted
perjudicaría la imagen de nuestro país al querer esclarecer este caso y
demostrar que hemos delinquido, pero sabe, no podrá. Todo lo que está haciendo
no servirá para nada, por varias razones, la primera, que soy hija de papá, y
la otra, que en este país, robar y estafar es normal. Los raros son los
honrados, y sabe, señor juez, es usted bastante raro. Pero no busque más
explicaciones, señoría, ya se lo he dicho, tengo doble personalidad, todo lo
demás es fruto de su imaginación.
Justo en ese momento cuando le
explicaba a su señoría lo de la doble personalidad, susurrándoselo al oído, con
total secretismo, me desperté en mitad de la noche, sobresaltada. Menudo susto
me he llevado cuando me he visto frente a un juez declarando por unos cuantos
delitos. Estaba a punto de gritar: Papa,
llama cuando me desperté. Menos mal que era solo un sueño, como en los Serrano.
Después de unos minutos y ya
calmada me di cuenta de que esa no sería mi declaración si algún día un juez honesto
y cabezota se empeñase en decir que
yo puedo tener algo que ver con fraudes y malversación. Pero claro, esto es
hipotético porque entre otras cosas, no tengo un marido megaambicioso e
inconformista, ni tengo un papi con amigos importantes, ni me veo haciendo esas
cosas y porque además me quiero a mí misma bastante más que eso. Sé lo que
hago, procuro leer los papeles que firmo, sé en qué cuenta cargo los gastos y
cuantas cuentas tengo y el dinero que hay en ellas. Procuro comprar aquello que
puedo pagar y vivo conforme a lo que tengo.
Incluso, aunque me cuesta, puedo
entender que una mujer enamorada haga cosas, y permita otras, pero lo que no
creo y no puedo comprender es que diga que no sabe nada, y que no se entera de
nada. Una mujer, por encima de querer a su marido, debe quererse a sí misma y a
sus hijos si los tiene, y saber donde está el límite. Si lo cruza es tan
culpable y responsable como su marido y debería asumir su culpa. Todos deberían
hacerlo.
Dejemos de echar la culpa a
quienes se limitan a hacer su trabajo, y encima a hacerlo bien, démosles las
gracias, un gran aplauso y facilitémosles las cosas, ¡que ya está bien!
Y aunque a veces cueste, ¡Sonríe!,
que sonreír es muy sano y no cuesta dinero.
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