- Hago lo que me da la gana.
- Enhorabuena. Eso es lo que yo le diría a
alguien que hace lo que le da la gana y pienso, ojala yo pudiera hacerlo
también.
Tengo alguna que otra virtud, pocas, sin
embargo, lamentablemente, el egoísmo no está entre ellas. Habéis leído bien, es
una virtud, no un defecto como se podría pensar. Antes tal vez, hoy día no. Hoy
día lo normal, lo bueno, es ser un egoísta y ole por esa gente que solo piensa
en sí mismo primero, después y siempre.
Esto no es una crítica, de verdad, todo lo
contrario. Los admiro. Daría lo que fuese por no pensar siempre en los demás,
en mi familia, mis amigos, incluso en los desconocidos, en la niña que va por
la calle diez pasos por detrás de su madre, y ésta hablando por el móvil,
ignora a la cría. Sí, soy yo quien la vigila para que no se baje de la acera o
no se caiga si tropieza. Daría lo que fuese por no preocuparme de los demás a
la hora de tomar una decisión, y pensar solo en mí, en lo que a mí me conviene.
Daría lo que fuese por no hacer lo que otros quieren que haga, solo porque me
lo piden, me lo comentan o simplemente porque lo sé. Daría lo que fuese por no
ponerme en el lugar de los demás, y pensar en ellos antes que mí y ceder,
siempre ceder.
Por eso sé que ser egoísta es algo bueno,
algo que quiero y no podré nunca conseguir. Lo intento, me esfuerzo, de verdad
pero nunca podré. Me encantaría ser así, feliz conmigo misma por pensar solo en
mí, pero sé que así no sería feliz. Lamentablemente, tampoco soy feliz como soy
ahora. Pero soy así. Seguiré intentándolo.
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