domingo, 8 de marzo de 2015

Juegos

Cuántas veces escuchamos eso de lo importante es participar. Yo muchas, los padres o los profesores te lo decían cuando jugabas a cualquier cosa y no ganabas. Ahora, vivimos en una sociedad tan competitiva que solo vale ganar y te fomentan la victoria y ser el mejor. Dichosa competitividad.
Cuando dejas de ser niño la cosa cambia, y los juegos también. La idea es la misma, jugamos por diversión, para qué sino. Pero las cosas son diferentes, hay que conocer las normas del juego, saber quienes juegan o quieren jugar, el premio y las consecuencias, ya no de ganar o de perder, sino de jugar. A veces te encuentras el juego iniciado y entras de refilón, otras veces participas por casualidad. Muchas veces ni siquiera quieres jugar pero te gustan los compañeros de juego, incluso dices que tú no juegas, cuando en realidad has propuesto el juego. Hay muchas razones y todas válidas.
Los niños cuando no les gusta el juego o como se va desarrollando, se van porque dicen que se aburren, o cambian el funcionamiento. De adultos no deberíamos hacer eso, pero lo hacemos, porque en el fondo somos niños grandes jugando a un juego  al que realmente no sabemos jugar, aunque pensemos que sí, ni lo que nos deparará. Cuando somos adultos perdemos la inocencia de un niño, pero seguimos siendo personas y debemos tratarnos con el respeto que merecemos. Los niños, lo hacen porque les sale natural, son niños.

Hay juegos que una vez probados no merecen la pena y es mejor no repetir. Se termina el juego y a otra cosa. Todos tenemos la capacidad de decidir, de seguir jugando o abandonar el juego, de cambiar a otro o incluso, de no volver a jugar pero hay formas y formas de hacerlo, siempre mejor con elegancia y discreción. 

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