Vivimos en un mundo de promesas
incumplidas, de palabras vacías, de letras escritas con tinta visible solo de
forma temporal. A todos nos resulta muy facil hablar, escribir y prometer, pero
cumplirlo luego ya es otra cosa. No todo el mundo entra en el mismo saco, ni
digo que se incumplan porque que se quiera, pero se incumplen.
Luego también están las promesas que se
hacen realidad, aunque no se esperase que fuera a ser así. Porque ese es otro
tema, en parte, las promesas cumplidas o no, ya no dependen tanto de quien las
hace sino de quien espera para recibirlas. Sino hay esperanza, el
incumplimiento pasa desapercibido del todo o casi. Como siempre, todo depende.
Depende de la promesa, de la persona que la hace, de lo que significa, del
grado de compromiso, de la importancia que se le de,…
Prometer es un verbo sencillo de conjugar,
tal vez demasiado y por eso lo usamos sin mucho conocimiento. La afirmación, en
muchos casos es un lastre que utilizamos con facilidad. Un tal vez, un quizás,
son muy prácticos y ahorran daños. Tal vez, quizás, deberíamos usarlos un poco
más.

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