Mirar por la ventana y no verte, bajar al
portal y no encontrarte, salir a la calle y buscarte desesperada por cada
lateral, por cada rincón, por si no encontrabas mi casa. Desesperada por verte
venir, desesperada por no verte, por no querer ver que no ibas a llegar.
Levantar la vista al cielo y encontrarme con que ni la Luna me acompañaba. Sí lo
hizo esa lluvia fría que entró en mis huesos y se clavó durante días en ellos,
en mi piel, en mis poros. Ese frío que se agarró a mí como no lo has hecho tú.
Me acurruqué en la acera dejando que la
lluvia me golpease no sé si como castigo por no saber tenerte o porque me daba
igual el lugar para llorar. Llorar en soledad sin ganas de volver a casa porque en casa no estabas.

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