Me recogiste a las seis. Me volví loca todo
el día pensando qué llevar vestido porque no quisiste decirme a donde ibas a
llevarme. Al final me decanté por mis vaqueros nuevos, esos que me ayudaste a
elegir y el jersey que tanto te gusta con el collar que me regalaste por mi
cumpleaños.
Me esperabas con esa sonrisa que ilumina el día, nos besamos en cuanto me subí al coche y nos fuimos. Yo no sabía a donde, ni siquiera entonces quisiste decírmelo.
Me esperabas con esa sonrisa que ilumina el día, nos besamos en cuanto me subí al coche y nos fuimos. Yo no sabía a donde, ni siquiera entonces quisiste decírmelo.
Poco después, llegamos a un lugar precioso,
siguiendo una carretera secundaria, lo suficientemente lejos de la ciudad para
no ver sus luces ni sus edificios. Paraste el motor y pasaste tu brazo por mi
espalda hasta abrazarme y me dijiste, mira, señalando el horizonte. Lo que vi
fue la puesta de sol, una imagen increíble, no solo por los colores, el
naranja, el amarillo, el fuego que se veía, sino por el lugar, el momento, eras
tú, tú quien hacía aquello tan único. Quise llorar, pero lo evitaste al
besarme, quise temblar pero lo impediste al acariciarme. Lo hiciste tú, tú me
hiciste feliz.
Hoy volveré a soñar contigo
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