Hoy ha llamado tu hermana para decir que se
ha prometido. Mientras ella hablaba y hablaba yo me acordaba de nuestro
momento. Tú siempre tan detallista llevabas días raro, haciendo llamadas a
escondidas y viajes sin lógica. Sin lógica para mí, claro. Lo estabas
preparando todo. Un fin de semana romántico en un lugar maravilloso y una
petición perfecta. Sin embargo, aquella noche tumbados en el sofá, abrazados
mientras hablábamos de cómo había sido nuestro día, al calor de las llamas de
la chimenea, me giraste para que te mirara a los ojos y me dijiste sin más, Cásate conmigo. Esas palabras entraron dentro de mí para clavarse y no
salir nunca más. Me reí, no pude evitarlo, me reí de nervios, de felicidad, de
fortuna, de fortuna por ser la persona mas afortunada que hay en el mundo,
porque solo yo he tenido la suerte de ser tu mujer.
Te sorprendió mi risa, incluso cambió tu
cara, tus músculos se tesaron y te salió la arruga del entrecejo que aparece
cuando te enfadas, y entonces me reí con más ganas. No soy mucho de papeles, ni
de ceremonias, te contesté algo seria, pero sí soy una persona que sabe lo que
quiero. Cogí tu cara en mis manos y te besé en los labios, un beso dulce, largo,
disfruté de tu lengua, de tu boca, y terminé la frase, te quiero a ti para el resto de mi vida, a mi lado.
Esta noche también voy a soñar contigo.
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