Fue una noche como ésta, triste y fría en
la que ya no volviste a casa. Yo me culpé durante mucho tiempo de tu ausencia. Te
esperaba con la cena preparada pero te retrasaste porque fuiste al centro a
comprarme esos pastelitos que tanto me gustaban. Siempre con esos detalles,
siempre pensando en mí, y no regresaste. Sonó el teléfono y corrí a cogerlo
pensando que eras tú para decirme que estabas llegando, siempre con esos
detalles, siempre, pero no eras tú, no era tu voz, y entonces no quise
escuchar, no pude sino quedarme de pie mirando por la ventana para verte
llegar. Y yo me culpé. Me culpé de tu marcha, pero no te marchaste, te
obligaron a dejarme. Te obligó ese hombre que se cruzó contigo en la carretera,
él te alejó de mi lado con un golpe seco, ese golpe que tan fuerte me golpeó en
el corazón, ese golpe que aún me duele cuando respiro, cuando lloro y sobre
todo cuando rio.
No quería reír, ni respirar solo llorar, me
costó entender que si yo me reía, tú te estabas riendo conmigo, que si caminaba
por la playa, tú ibas a mi lado cogiéndome de la mano. Me costó entenderlo pero
ahora lo entiendo, no te marchaste, es imposible que te hayas ido, porque
sigues vivo en cada latido de mi corazón.
Esta noche volveré a soñar contigo
No hay comentarios:
Publicar un comentario