Subida en el autobus miré por el cristal
buscándote. Quería verte como tantas otras veces que me acompañabas hasta la
estación y esperabas a que se fuera el autobús, siempre mirándome sin quitarme
ojo, medio protegiéndome, medio seduciéndome con la mirada, a mí me parece que
me seduces, quiero creerlo. Esa sensación de que todo estaba bien que me
transmitías en las mañanas frías de invierno en que yo no quería irme pero tú
hacías que me fuera fácil, al menos mas facil que irme sola. Llegabas conmigo
algunas veces otras, me alcanzabas allí, siempre, cada día. Tu cogías otro
autobús media hora mas tarde, pero allí estabas, conmigo, haciendo mi espera
mas llevadera, contándome historias absurdas o diciéndome lo guapa que estoy,
cuando es imposible porque me acabo de levantar y aun llevo esa cara de medio
dormida, de tengo sueño que tarda aun horas en desaparecer cuando no quieres
levantarte porque prefieres seguir soñando, soñando contigo cada noche, y me
despierto deseando verte, verte cada día, cada mañana.
Tú tienes
tu vida y yo la mía, solo nos vemos por las mañanas, cada mañana en la
estación, pero con eso me conformo, me digo que tengo que conformarme. Con tu compañía,
con tu sonrisa, con tu mirada, con tenerte esos minutos, que son horas en mi
recuerdo.
Hoy te busqué pero no estabas, el frío me
pareció inmenso, hasta en el autobús sentía que el frío me entraba hasta los
huesos. No estabas, quería perderlo y esperarte pero no puedo esperar algo que
no es mío. Te vi cuando el autobús ya se iba, llegabas acompañado, no me gustó
tu compañía. Sin embargo me buscaste, siempre sentada en el mismo asiento, allí
me encontraste, mirando tu mano abierta despidiéndome, tal vez saludándome. Puede
que fuese un adiós, prefiero creer que fue un hasta mañana.
Soñaré contigo, que mis sueños son míos y
los comparto contigo
No hay comentarios:
Publicar un comentario