lunes, 1 de diciembre de 2014

Un día de otoño



En otoño los días siempre me han parecido tristes, apagados, grises pero eso cambió cuando te conocí. Fue un día de noviembre, no lo olvidaré. Llovía, hacía frío y estaba calada hasta los huesos. No podía irme aún a casa y tenía que esperar a que una tienda abriese para cambiar un regalo de mi madre. Podía verse a leguas que estaba de mal humor y aún a día de hoy no sé porqué te acercaste a hablar conmigo. Te acercaste con una sonrisa y me invitaste a un café. No, gracias, te dije, tan borde y seca que cada letra tuvo que dolerte al golpearte en la cara. No te importó, me sonreíste de nuevo y me contestaste, lo necesitas. Te miré con cara de pocos amigos, el café, añadiste. Necesitas un café y conozco el lugar perfecto. No supe qué contestar. Tu sonrisa me nubló y tus palabras saliendo de tu boca me enmudecieron. Me cogiste del brazo y me llevaste a una cafetería donde te conocían. A un rincón, cálido, hogareño.
Por el camino pasamos por un camino que yo ya había hecho un ratito antes, había pensado al pasar que era sucio y feo con las hojas caídas que hacían resbalar. A tu lado, sin embargo me enseñaste un parque lleno de colores naranjas, amarillos y marrones, cálidos. Las hojas ahora mostraban una de las imágenes mas bonitas que había visto jamás. Era calor, el calor que provocaba tu sonrisa y tu abrazo.

Soñaré de nuevo contigo

No hay comentarios:

Publicar un comentario