La rutina nos separó y la rutina nos volvió
a encontrar. El día a día hizo que cada vez fuésemos más desconocidos, más
distantes, más fríos. Los madrugones, los problemas en el trabajo, los niños,
la familia, la hipoteca, el no llego a fin de mes… todo hizo que cada vez nos
viésemos peor o ni siquiera nos mirásemos. Yo no te reconocía, y tú no me
conocías. Algo había cambiado pero todo seguía igual. Tú no decías nada y yo
tampoco porque si decíamos algo igual nos arrepentíamos.
Un día tras otro dejamos pasar el tiempo
hasta que la casualidad hizo que acabásemos paseando por la playa, allí, ahí,
el lugar donde paseamos la primera vez que nos cogimos de la mano, la primera
vez que nos besamos, la primera vez que perdimos la noción del tiempo, la
misma noción que perdimos hoy, cuando nos reencontramos sin habernos separado,
la misma noción del tiempo que perdimos cuando, hoy, de nuevo, y como si fuera
la primera vez, nos volvimos a besar, a caminar juntos cogidos de la mano,
cuando recordamos lo mucho que nos queremos, porque te quiero, te quiero aunque
no te lo diga, y aunque no me lo digas, aunque no lo parezca, no te lo
demuestre, y aunque a veces dude de que tú me quieres, yo te quiero y sé que me
quieres.
Soñaré contigo mientras duermes a mi lado
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