lunes, 16 de febrero de 2015

La rueda de repuesto

No pienso aprender a cambiar la rueda del coche. Y si puedo la pincharé mas a menudo.
Casi me muero del susto cuando se me fue el coche en una curva y a punto estuve de salirme de la carretera. Al parar me encuentro la rueda sin aire. Llovía a mares y estaba oscureciendo. Ni idea de donde está la rueda de repuesto (y pienso seguir sin saberlo, que lo sepas), ni la llave de aflojar los tornillos, ni el gato, ni… para qué saberlo si vienes tú en mi auxilio. Una llamada al servicio de asistencia en carretera y diez minutos después apareciste tú, y me quedé sin aire al verte, aunque eso es una constante desde entonces, te apeaste serio y me preguntaste por la rueda de repuesto. Te dije que no hacia falta que podías irte, que el mecánico estaba en camino. Pues eso, me contestaste y me preguntaste por la llave que afloja algo en el maletero, porque resulta que ahí está la dichosa rueda.
Eras tú, el que venía a cambiarme la rueda. Era viernes y terminabas el turno, así que para cambiar una rueda no necesitabas venir en grúa. Algo que yo no sabía, eso y que yo no me esperaba a alguien como tú. La rueda de repuesto estaba sin aire y me echaste la bronca por tenerla así. Discutimos y te mandé largarte a por la grúa. Ni en broma, -dijiste- es viernes. Tengo una idea mejor. Te llevo en mi coche y mañana vengo y recojo el tuyo. Ni hablar, -te respondí molesta. Tú ni corto ni perezoso me cogiste en brazos y me sentaste en tu coche. Abrí la boca para protestar, pero solo pude responder a tu beso. Ese que me pilló aun mas desprevenida que tus brazos sujetándome.

Dulces sueños.

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